(lo que no se puede decir en redes sociales, lo digo por correo)
¿Para qué suscribirte a una lista más de correos?
¿Para qué llenar tu bandeja de entrada con más palabras?
La respuesta, por supuesto, está en vos, y en lo que genuinamente querás hacer con ellas.
Podés acumularlas. Podés borrarlas. Podés reenviarlas a quien considerés que les vendrían bien.
O podés digerirlas y usarlas como aliadas en tu camino.
No te unas a mi lista de correos por mera curiosidad.
Nada de lo que yo escribo es en vano.
Mis palabras a veces son flores y a veces son espadas,
Y vos - mejor que yo - sabrás cómo empuñarlas.
Quizás pensás que aun no es tu tiempo. Y quizás tengas razón.
Quizás no te has dado cuenta aun que el mundo es de quienes lo reclaman.
De quienes tienen la suficiente osadía para ir en pos de lo que quieren, sin pedir permiso.
Quizás te sigue frenando el miedo a parecer arrogante.
Y con tal de no ser señalado elegís jugar a ser pequeño.
Pensás que esconderte es un acto de humildad y esa etiqueta te da una falsa paz.
Y al “caminar por la sombra” y no proyectarte al mundo con la suficiente robustez y contundencia, te creés humilde, y esa etiqueta te da un falso sentido de tranquilidad.
Quizás seguís esperando a sentir la suficiente confianza para dar el paso que siempre has querido tomar.
Y entonces vas de terapia en terapia, de curso en curso, buscando algo que “sanar”, o una clave externa que nunca termina de llegar.
Quizás te seguís refugiando en la idea de "fluir" y dejar que las cosas sucedan con tal de seguir estancado en el resguardo de la parálisis y la inacción. Con tal de no sacar la cabeza fuera del rebaño para no correr el riesgo de que te decapiten.
¡Pero el mundo es frío y no perdona! Los cobardes, es decir, aquellos que decidieron ver el partido desde las graderías para abuchear y criticar a los que sí apostaron su sangre y su sudor en la cancha, se quedan atrás regodeándose en su propia mediocridad.
Reclamá tu asiento en la mesa.
Hacé que tu voz se escuche.
Poné tus deseos al frente.
- Fadrique