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¿Para qué suscribirte a una lista más de correos?

¿Para qué llenar tu bandeja de entrada con más palabras?

La respuesta, por supuesto, está en ti, y en lo que genuinamente quieras hacer con estas.

Verás, nada de lo que yo escribo es en vano…

Mis palabras a veces son flores y a veces son espadas,

Y tu - mejor que nadie - sabrás cómo empuñarlas.

Quizá pienses que aun no es tu tiempo. Y quizá tengas razón.

Quizá no te has dado cuenta aun que el mundo es de quienes lo reclaman.

De quienes tienen la suficiente osadía para ir en pos de lo que quieren, sin pedir permiso.

Quizá te sigue paralizando el miedo a parecer arrogante.

Y con tal de no ser señalado eliges jugar a ser pequeño.

Al “caminar por la sombra” y no proyectarte al mundo con la suficiente robustez y contundencia, te creés humilde, y esa etiqueta te da un falso sentido de tranquilidad.

Quizás sigues esperando a sentir la suficiente confianza para dar el paso que siempre has querido tomar. Y entonces vas de terapia en terapia, y de curso en curso, buscando algo que “sanar”, o una señal externa que nunca termina de llegar.

Te sigues refugiando en la idea de "fluir" y dejar que las cosas sucedan con tal de seguir estancado en el resguardo de la parálisis y la inacción. Con tal de no sacar la cabeza fuera del rebaño para no correr el riesgo de que te decapiten.

¡Pero el mundo es frío y no perdona! Los cobardes, es decir, aquellos que decidieron ver el partido desde las graderías para abuchear y criticar a los que sí apostaron su sangre y su sudor en la cancha, se quedan atrás regodeándose en su propia mediocridad.

Reclama tu asiento en la mesa.
Haz que tu voz se escuche.
Pon tus deseos al frente.

- Fadrique